Muchos cristianos comprometidos hoy en día sienten un gran llamado para servir a Dios en el ministerio – sea como trabajador o como voluntario. El sentimiento puede ser tan intenso que afecta todas partes de su vida. Esto es Bíblico. Después de intentar no servir a Dios, Jeremías dijo esto:

Si digo: «No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre»,entonces su palabra en mi interior se vuelve un fuego ardiente que me cala hasta los huesos. He hecho todo lo posible por contenerla, pero ya no puedo más.
Jeremías 20:9 (NVI)

Debe ser un consuelo que hasta los profetas del Antiguo Testamento sentían lo que nosotros sentimos. Aún en el Nuevo Testamento, Pablo escribió esto en su carta a Timoteo:

Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.
2 Timoteo 1:6 (NVI)

Entonces como líderes cristianos debemos recordar que el llamado de Dios es como un fuego ardiendo dentro de nosotros. Viene con dones espirituales y debemos asegurar que siga ardiendo.

Pero no estoy escribiendo para enseñar como entrar en tu llamado. Estoy escribiendo para decirte como puedes estar en gran riesgo de negar tu fe y ser pero que un incrédulo. A veces, nosotros que somos llamados a los propósitos de Dios tenemos una gran debilidad escondido por dentro. Nos Obsesionamos tanto en cumplir el llamado que nos olvidamos quién verdaderamente está en control y quién tiene la carga de dirigirnos en el camino. Tomamos el llamado en nuestras propias manos y perdemos la paz y satisfacción que debemos tener el lo presente. El tomar el control nos lleva a caminar en la desobediencia. Es resultado de esto es que ese fuego ardiente mal usado consume hasta las cosas buenas en nuestras vidas. ¿Como es eso? Déjame contarte una historia sobre una persona que conocí:

Una vez conocí un hombre llamado Juan que decidió perseguir su sueño. El sentía que este sueño era lo que tenía que hacer con su vida así que era muy entusiasmado por el. El entusiasmo era tan intenso que estaba dispuesto a sacrificar cualquier cosa para alcanzarlo. El problema era que para alcanzar su sueño, tenía que destruir la economía de su familia, dejar su esposa Tania sola por muchos años, y sujetar sus hijos a una mala educación. Eso no es todo. Tania estaba obligada a trabajar para apoyar su sueño. Unos años después, Juan nos cuenta de la lucha que tiene en su vida. No tiene dinero. Está pasando mucho trabajo para cumplir su sueño. Su esposa no está cuidando de los niños por causa del trabajo. No ha visto a su esposa desde el año pasado ni tampoco sabe cuando la va a ver. Tania no tiene suficiente dinero para comprar su propia casa así que ha vivido con diferentes hombres que la han rentado habitaciones; compartiendo la casa, cocina, y los baños. Al final, a Tania la encontraron siendo infiel a su esposo y no estaba arrepentida. Un matrimonio destruido. Niños en una familia derrotada. Todo esta destrucción por causa de tomar el control y apresurarse en cumplir su sueño fuera del tiempo de Dios. Juan esperaba escuchar palabras de consuelo, condenando los acciones de su esposa. Pero sin embargo, escuchó esto, "No Juan. Tu tienes la culpa."

Aconsejamos a Juan sobre como amar a su familia como Cristo amó a la iglesia. Estaremos orando para Juan y su familia. Que el pudiera sentir una convicción que lo lleva a cambiar su vida y que todavía hay tiempo para restaurar su familia. Espero que la gravedad de la situación de Juan puede ayudar a cada uno de nosotros a reflejar en como estamos desarrollando nuestros llamados. ¿Estás dejando a Dios dirigir tus pasos o estás cumpliendo el propósito de Dios con tu propia fuerza? Si lo estás haciendo con tu propia fuerza o no sabes como contestar, te reto a leer los próximos pasajes con un corazón abierto:

El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.
1 Timoteo 5:8 (NVI)

Debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto; porque el que no sabe gobernar su propia familia, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?
1 Timoteo 3:4-5 (NVI)

La mayoridad de nosotros en sociedades modernas no vivimos bajo una situación donde nuestra familia nos están obligando a escoger entre ellos y nuestra fe. ¿Qué razón hay entonces para sacrificar esas relaciones en el altar de nuestro ministerio? Guardansen entonces. No dejen a la ambición y el egoísmo llevarles por el camino de desobediencia. Por cierto, eso es una forma de destruir los bendiciones de Dios en sus vidas y descalificarles de los planes de Dios.

Muchas personas se confunden, creyendo que su relación con Dios consiste solamente en lo que están haciendo para El (ministerio). Ellos piensan entonces que si no están trabajando para Dios en una iglesia u organización cristiana, no tienen una relación con Dios. Esta creencia es falsa y peligrosa. Puede llevarnos a cometer los mismos errores que cometió Juan en la historia que conté. Nuestra relación con Dios es privado, es separado, y se basa en una búsqueda genuina por El con todo el corazón, porque El es merecedor de todo. Si queremos servir a Dios, debemos entender lo que leímos en primero de Timoteo: La familia es nuestro primer ministerio. Viene antes de cualquier otro ministerio. Dios les dio una familia. No deben negarles lo que necesitan de ti. Cuiden de ellos. Hay que entregarse a la palabra de Dios y dejar de aplastar a los demás para entrar en los planes de Dios. Hay que esperar por Dios. El tiene control y no les van a dejar perder su propósito. En su tiempo perfecto y cuando están preparado, empezará el ministerio.

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